
El jueves que pasó tuve la oportunidad de andar "maridando"...no se asusten...no estaba estrenando marido ni nada de eso, ni menos buscando uno. Estuve maridando vinos y comidas. Quienes me conocen saben de mi aficiòn por el mundo gourmet , por los vinos y los buenos tabacos.
Y sì, soy una sibarita y qué. No sé de donde me viene, por historia yo deberìa estar entre los milcaos y las empanadas, ambas cosas me encantan a rabiar. Pero de un tiempo a esta parte debo decir que mi paladar se ha ido puliendo en sabores, gustos y amores. He descubierto que soy una digna hija de Baco y que en cuanto veo vino, no puedo dejar de mirar la nota de cata, imaginarme o recordar como puede ser el terroir en el que se criaron sus cepas, si son de Chile claro y de pensar en que comida le quedarìa bien.
Así no más fue, llegamos al último Maridaje que se hizo en el Agridulce de pura casualidad, gracias a la sed de mi hija Florencia que el domingo pasado me obligò a pasar por ese restaurant a tomar jugo de chirimoya por que lla estaba muerta de sed. Y ví el cartel que invitaba al maridaje par tal día y a tal hora.
Para quienes no saben lo que es un maridaje, en sencillas palabras estamos hablando de un "casamiento" entre comidas y vinos, este juego que se provoca en la boca para ver si los sabores se potencian , se equilibran o quedan supeditados a la nada misma. El maridaje es un juego divertido, que se descomplejiza poco a poco, basta con concentrarse y sentir para ver que no da lo mismo cuando comemos mariscos si un sauvignon blanc o un chardonnay y ambos son blancos. No da lo mismo una carne roja con Syrah o con cabernet, como tampoco sabe igual un Miguel Torres hecho con cepas del Priorat con unas lascas de jamón serrano. Productos regionales con cepas regionales.
Fuera de eso, el maridaje fue divertido por que estuve con gente divertida...el ùltimo maridaje fue de chocolates con especias y un Oporto exquisito...pero sin duda la estrellita de la noche se la anotò mi amigo Gastòn cuando en un momento de inspiraciòn divina cuando nos invita a los 3 que estabamos en la mesa a probar chocolate con Syrah... y uff. De allì para adelante la noche ya no fue igual.
Como un pequeño big bang, se me encendieron las ganas de transportarme a otro estadio...sin duda entre el efecto del vino, las endorfinas del chocolate y la potencia de las especias me vi involucrada rápidamente en un callejòn de cual no quise salir...pero eso ya es otra historia y para los que se confundan no con mi amigo Gastòn.
El maridaje es un juego en el que hay que atraverse a sentir, probando una y otra vez.
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