Bueno, la cosa es que nos pasamos un largo rato mirando un pájaro que intentaba volar con una ráfaga de viento que nunca supimos decir a cuantos kilómetros iba, pero de que estaba fuerte el viento lo estaba.
Era un triste espectáculo, yo imaginaba que el pájaro aquel volaba por que necesitaba llegar a su nido de manera urgente.
Ver aquel ave haciendo maromas mortales me acercó a esa inmensa pasión que él sentía por la naturaleza. No se concebía sin ese verde verdoso que se reflejaba en sus ojos grandes, redondos como una pelota. Lo tomé del brazo y le dije:"vamos?". Me miró con una mirada larga y triste y no era por el pájaro que se había ya perdido ante nuestra mirada, era por que no nos veríamos en un largo tiempo.
Yo estaba muerta de pena, intentaba refugiarme en ese chaquetón color violeta intenso que usaba especialmente en días de frio extremo o de lluvia moderada, por que así me alegraba el día. Pero debía ser fuerte, intentaba no verle a los ojos por que sentía que me quebraría en pedazos.
No quería irme, me sentia de allí de ese lugar, me sentía con él, pero tambien fui yo la que lucho por la beca para poder mandarme a cambiar a estudiar el famoso curso aquel en Europa...
¿como haría yo sin sentir esas manos que me enseñaron a sembrar, a cosechar a amasar el pan?. No lo sabía, pensarme sola en una tierra extraña me hacía sentir un vértigo extremo. Me mordía los labios, pero se acercaba el taxi.
El taxi, se detuvo. El me abrazó, lo abracé,sentí que el mundo se paralizaba, mi corazón me gritaba que me fuera pronto...
Te amo, volveré
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