Supongamos que hubiese sido en una calle o que el encuentro hubiera sido en un Café, pero no el encuentro resultó de otro modo. Igual que el Big Bang, igual que esa gran explosión, sus ojos pequeños vestidos del color mas raro que se ha conocido hasta ahora se cruzaron con su mirada "natural pacífico" a través de cuatro frases escritas en la pantalla de un computador.
Nada de raro sería si no es por que se las arreglan cotidianamante para seguir alargando la primera charla que tuvo tanto tema, tanto dato exquisito, tanta magia cósmica. Detrás de la promesa velada se esconde el sueño profundo del encuentro y la tímida reinvención de un lugar vivido en otra vida.
sábado 29 de diciembre de 2007
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