lunes 24 de diciembre de 2007

Carta de navidad

Querido Marco Polo:

Al fin estas quieto en algún sitio, algún sitio que mi mente no alcanza a asimilar entre la prisa de estos días. Llegaste y me has escrito, te agradezco.
Qué has traído de ese fantástico viaje al norte de Africa?...te acordaste de esos adornos que usan las mujeres berber?.

Yo te esperé, como esperan los amantes a que llegue su hora, como espera el brote a la primavera, te esperé cada día...y déjame decirte que no me costó hacerlo y no me costará jamás, por que supongo que tu eres el que llena mi corazón, el que se lleva mis latidos el que se sumerge en mis pensamientos cada noche cuando se me ocurre descifrar los códigos de navegante que guardan las estrellas.

Mis ojos quieren recrearse en tus pupilas, clavarse en tu pupila azul, mi cuerpo quiere abrazarse del olor de tu piel, navegar en tus espesos mares salinos, dormirse cansado junto a tu risa...

Todo llega y nada tardará el invierno en devolverte al lugar que siempre ha sido tuyo.